Los últimos acontecimientos me llevan a la conclusión de que Bolivia debe ser el país del mundo con más artilugios para sortear las situaciones políticas más enrevesadas. Cualidad que no le sirve para progresar sino más bien para seguir estancada en un Mar de los Sargazos inextricable. Ignoro si hubiésemos tenido a mano tal variedad de oportunidades para salir de la actual crisis. Más allá del forzado referéndum revocatorio del Presidente, Vicepresidente y prefectos, convocado para el próximo 10 de agosto, no hubiese sido preferible y más práctico arriar las banderas intolerantes de las partes en conflicto y reunirlas alrededor de una mesa, tal como insistió infatigablemente la Santa Madre Iglesia, aunque el MAS, convencido de su presunta superioridad electoral, hizo caso omiso de tales advertencias.
La circunstancia en la que el Presidente promulgó la Ley de Referéndum Revocatorio —con el peligro de proporcionar la soga que podría ahorcarle— se complica con el triunfo aplastante de los autonomistas cruceños y con los otros referendos autonomistas a realizarse en Beni, Pando y Tarija.
Si reducimos estos hechos a términos boxísticos, podría preverse que el MAS es el peso pesado, mientras que los autonomistas y los opositores conforman el peso liviano. ¿Por cuál apostaría Ud? Si juega al caballo supuestamente ganador, seguramente apostaría por el primero. Aún así, el peso ligero ya empezó minando el terreno del peso pesado al haber planteado con tanta fuerza y decisión los movimientos autonomistas. De ahí las prisas del propio Presidente de la República por convocar el Referéndum Revocatorio: para opacar la victoria previa del primer round, fuera del ´ring´.
Y si, una vez en el cuadrilátero se confirma la apuesta por el más pesado, esto no quita que el pequeño logre encajarle unos buenos puñetazos que lo debiliten o disminuyan sus pretensiones de hegemonía incuestionable. Se da por supuesto que el árbitro, esta vez, la Corte Nacional Electoral, pita cuando debe pitar y castigará los golpes bajos antirreglamentarios que el grande propina al chico y viceversa.
Quiero decir —y Ud. me entiende— que eso de adornarse con las virtudes democráticas, ´fortaleciéndolas´ con la violencia callejera, es un grave engaño con el que se ha querido convencer de que vivimos en un Estado de Derecho. Leo, al caso, la narración de los hechos
sangrientos que enmarcaron la aprobación del proyecto de Constitución de la Asamblea Constituyente, y me horrorizo del cinismo con el que procedió el MAS —léase el Gobierno— en aquella ocasión. Los chuquisaqueños lo experimentaron en su propia carne.
He dicho más arriba que la opción oficialista para el referéndum revocatorio es el peso pesado del asalto porque cuenta a su favor con toda la estructura institucional del Estado, con los recursos monetarios, de los que los gobiernos no son demasiado escrupulosos en utilizarlos a su favor, y de las pingües donaciones que recibe de Venezuela y de organizaciones no gubernamentales. Este es el ´doping´ de unas elecciones poco limpias. Este método tiende a deformar un mecanismo democrático como en el referéndum, en una de las varias formas de alcanzar y conservar una dictadura al estilo de Hugo Chávez.
*José Gramunt
es sacerdote jesuita y
director de ANF.
21 may 2008
El match revocatorio
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Referendum Revocatorio - 2008