6 jul 2008

Necesario cambio de timón

La situación en el país se torna más violenta porque las autoridades no solucionan los problemas que se presentan, precisamente por la confrontación que se está dando entre oficialistas y opositores, porque buscan espacios de poder para imponer sus criterios, aunque como resultado el aparato productor nacional se va paralizando y la gobernabilidad se hace más difícil. Por ello surgen cada vez con mayor frecuencia las protestas de diversos sectores sociales, incluso de los propios militantes y afines al Movimiento Al Socialismo, ya que su forma de gobernar sólo profundiza el enfrentamiento.

Lo que está sucediendo es de mucha preocupación, ya que aumentan las demandas y exigencias de los diferentes sectores de la sociedad al igual que de las regiones, porque no se está ejecutando el programa de Gobierno. Casi a diario la ciudadanía toma conocimiento de los errores en los que incurren los gobernantes, pero éstos con soberbia y autosuficiencia recurren al enfrentamiento por medio de acusaciones a sus contrarios, como si la responsabilidad de los problemas fuera de ellos.

En diferentes períodos de la administración gubernamental se han venido dando casos para la confrontación, como el de los dos tercios, la capitalidad, la toma del yacimiento minero en Huanuni por parte de los cooperativistas, los sucesos de octubre, la violencia en La Calancha cuando los constituyentes masistas aprobaron el texto constitucional en un recinto militar, las autonomías, la concesión de asilo político a Carlos Sánchez Berzaín, el referendo autonómico, el referendo revocatorio y otros, derivando algunos en enfrentamientos con resultados lamentables. Llama la atención que el Ejecutivo no se haya interesado en impedir esas peleas, por el contrario alentó los ataques de los mal llamados “movimientos sociales” a la población civil, o el cerco al Palacio Legislativo o la quema de la Prefectura de Cochabamba. En síntesis, los oficialistas buscan la confrontación fundamentalmente para desorientar a la ciudadanía, quedando postergados importantes proyectos y planes que requiere Bolivia.

Además los conflictos no solamente son atribuibles a los opositores al Gobierno, las protestas también son de gente afín al MAS, que actúa con más violencia por la seguridad que tiene de que no será reprimida por las fuerzas del orden. Pero existen otros serios problemas en el orden económico, sobre todo por el alza del costo de vida, la inflación que crece, incluso con la depreciación del dólar, porque si la cotización de la moneda oficial de Estados Unidos ha bajado en alrededor de un 10 por ciento, los precios de los productos importados subieron el doble. Aunque las autoridades nacionales afirman que esta situación paradójica se debe a la crisis alimentaria mundial, el incremento de precios de las materias primas o el alza de precios de los hidrocarburos, no explican totalmente problemas como el desabastecimiento interno, la inflación en alza, la paralización de las obras de construcción, las demandas de incrementos salariales, etc.

Adicionalmente, la falta de una política internacional coherente hace que el Jefe de Estado cometa crasos errores que los tiene que enmendar la Cancillería. Algo similar ocurre en materia de seguridad interna, como en el caso del atentado terrorista a un canal de televisión de Yacuiba, al restar importancia a ese delito, aunque existe gente de Palacio de Gobierno comprometida, o la confrontación con los departamentos donde fueron aprobados los estatutos autonómicos, o con la flamante Prefecta de Chuquisaca. Todo esto demuestra que el presidente Morales Aima y sus más próximos allegados están empeñados en llevar adelante los enfrentamientos, nadie sabe con qué intenciones, pero es necesario tener cuidado.

Ante los desaciertos que viene cometiendo la administración gubernamental, lo que tiene que hacer el Presidente es dar un cambio de timón o de dirección al Gobierno, porque la ruta marcada actualmente nos conducirá a una confrontación violenta entre bolivianos. Por eso es necesario y de urgencia dar un paso al costado, reconocer los errores, enmendarlos y seguir la senda que conduce a una correcta forma de gobernar.