22 ago 2008

Cómputo parcial…(izado)

La próxima vez que se realicen elecciones en el país, y estemos todos como bobos a las seis de la tarde frente al televisor esperando los resultados de las encuestas "en boca de urna", ya sabemos que debemos realizar un ejercicio de ponderación. Prepare calculadoras, aproveche que su hijo, el que es bueno en matemáticas, no puede salir, y dele duro a los coeficientes y factores (dependiendo de cada canal) para tratar de proyectar por cuenta propia cuál es el resultado real de la votación.

Y es que no le achuntan una. Recuerden la última elección para la selección de prefecto en Chuquisaca. Las pantallas centelleaban cual marquesinas de casino los resultados de boca de urna que le asignaban a Savina Cuéllar el 70% de la votación: al final, el resultado oficial fue del 52% (el porcentaje obtenido por el candidato Valda del MAS, fue del 44%, pero de eso tampoco nos enteramos nunca). El día del referéndum revocatorio ocurrió algo similar: el primer pantallazo del prime time electoral aullaba que el presidente Morales había sido ratificado con un 60%, y sobre todo, que había sido revocado en cinco departamentos (Santa Cruz, Beni, Chuquisaca, Tarija y Pando), y ratificado en cuatro (La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí). Falso.

Puede haber dos explicaciones a este fenómeno que se repite sospechosamente. La primera es de orden técnico, y tendría que ver con errores en el muestreo de la boca de urna (en la que parece que entran moscas). El voto rural no estaría correctamente representado en la muestra; si así fuera, ante la evidencia de tantos desaciertos consecutivos, las redes de televisión deberían puntualizar que lo que difunden son proyecciones solamente urbanas y no así nacionales (quisiera pensar que a estas alturas, todos coincidimos en que el voto de un campesino vale y representa lo mismo que el voto de un citadino).

La segunda explicación es más bien político-comunicacional. Estaríamos hablando de una velada intencionalidad de inducir una lectura política sobre datos parciales, a sabiendas de que éstos no reflejan la votación real. Como muchos de ustedes ya saben, yo soy un tipo mal pensado, que me inclino a pensar en esta alternativa. El modus operandi de las tres redes de televisión cruceñas es demasiado evidente como para pensar lo contrario: se instalan datos parciales como si fueran definitivos, y sobre esta base, la batería de analistas se ocupa de dibujar el escenario político más conveniente. La rectificación de datos a las diez de la noche ya no tiene ningún valor (usted ya está dormido, o harto), la primera impresión es la que cuenta.

Tanto es así, que hoy muchos han sido convencidos de que el referéndum arrojó un empate que yo no encuentro en ninguna parte: 67% a nivel nacional, ratificación en siete departamentos y la Media Luna perforada en Pando, Chuquisaca y Tarija. El resultado es tan contundente que, paradójicamente, ha anulado cualquier posibilidad de diálogo; no por falta de voluntad, pues el Presidente ha quedado en una posición muy cómoda para negociar, sino por una cuestión de supervivencia. La razón es sencilla. Si se procede a compatibilizar el espíritu de los estatutos autonómicos con el proyecto de Constitución, y a redefinir la distribución del IDH, cosa que parece absolutamente razonable, los prefectos de la Media Luna perecen automáticamente. Si consiguen lo que están pidiendo, pierden su única bandera y expiran, ya que al no tener visión, propuesta ni liderazgo nacional, no tienen futuro. Se han conducido a un triste laberinto en el que la única salida posible es la solución por el desastre, léase violencia y muertos… muchos muertos.

*Ilya Fortún
es comunicador social.