18 ago 2008

Ideólogos de la confrontación

René Poveda Guzmán*

Con esas palabras, Filemón Escóbar se ha referido a Juan Ramón Quintana, ministro de la Presidencia, y "los Peredo", en alusión al senador y a su hermano, el concejal por Santa Cruz.

Los ha inscrito dentro de la izquierda tradicional que busca la confrontación, y de ahí, sostiene, aquella visión de occidente contra oriente. No en vano Quintana ha sido comparado con Sánchez Berzaín. En otras palabras, la tendencia que al interior del oficialismo representan aquéllos sería la que determina o condiciona el libreto político del Ejecutivo. La postura confrontacional, tanto verbal como en los hechos, que otrora caracterizaron a Félix Patzi y Alicia Muñoz, tenía un fondo doctrinal, que esta conducta de violencia hecha filosofía y pensamiento político, más todas sus acciones, obedecían y eran el reflejo de aquel trasfondo y marco teórico/político.
Filemón se olvidó mencionar a otros quienes considero piezas fundamentales de este ajedrez que ha hecho de la violencia su principal ideario político; por ejemplo, Alfredo Rada, también llamado el "Mariscal de la Muerte", por los hechos de noviembre en Sucre, y Álex Contreras, hoy al margen del Ejecutivo y en su momento calificado como el "Canalla del Gobierno".

No podía faltar el Vicepresidente, ideólogo de la confrontación por antonomasia. Gestos, actitudes, verbo, delatan soberbia y desvelan aquella postura. Amenaza, como en Sucre; urde y trama, como el cerco al Congreso. Su afectación para decir las cosas no logra atenuar su pensamiento: lo complementa, porque es parte de lo que alguien dijo de él, que es un "terrorista de biblioteca". Las declaraciones en Achacachi (portar un FAL bajo el poncho, aprender a matar), y las amenazas de enviar a Sucre más de 100 mil campesinos lo delatan. Anclado en teorías (el empate catastrófico y la bifurcación), lanza apocalípticas teorías y saca a sus movimientos sociales para que se le cumplan. El Gobierno ha mostrado a través de otro de sus operadores de violencia, Rada, no sólo su capacidad de generarla y auspiciarla, también un prurito afán de la práctica de un terrorismo de Estado, como la detención/secuestro de un dirigente opositor. Por la marcha alteña contra la Embajada de EEUU, aplaudida por el Presidente, Rada destituyó al Comandante de la Policía. Los choques por una nueva ley de pensiones de los mineros de Huanuni, con el saldo de dos muertos, o la violencia contra discapacitados, son otros capítulos sangrientos escritos por el Gobierno, al que Filemón tildó de "gabinete de estalinistas", de "muchachitos"; y a Rada, de "llocalla". Podrán cambiar operadores, más no la política; se ha hecho de la violencia una cultura y cuestión de Estado. La cultura del diálogo es puro discurso.

*René Poveda G. es periodista independiente.