31 ago 2008

La ley de Murphy

En el lenguaje popular y conocido por todos, la Ley de Murphy dice que “todo lo que puede ir mal, indefectiblemente, irá mal”. ¿Y dónde se origina esta conocida ley? Afortunadamente, no en simples dichos o refranes populares, sino que sus postulados provienen de las leyes de la Termodinámica en la Física.


Sin lugar a dudas, la Ley de Murphy debería estar muy presente en la mente de todos los bolivianos pues, como se sabe, el país está atravesando por momentos sumamente difíciles, en los que es previsible que las cosas puedan ir muy mal. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que las decisiones y determinaciones a las que nos han conducido los políticos en estos últimos años, peligrosamente, nos están acercando a un camino donde todo —absolutamente todo— puede terminar indefectiblemente mal.

Un ejemplo de estas decisiones y determinaciones innecesarias ha sido la decisión de convocar al referéndum revocatorio —desde ya una consulta, a todas vistas, inconstitucional— que lamentablemente crea las condiciones para que el país vaya por caminos difíciles, que lo lleven directamente a la confrontación.

Como se sabe, en los resultados de este referéndum, por un lado, está el Presidente de la República, que ha ganado dicho referéndum por una abrumadora mayoría, pero donde dicha mayoría está básicamente concentrada en el departamento de La Paz. Por otro lado, también están los prefectos de la llamada “media luna”, que igualmente han ganado el referéndum revocatorio por una abrumadora mayoría y donde, a excepción del departamento de Pando, el Presidente de la República no ha sido ratificado en las regiones donde ejercen sus funciones dichos prefectos.

¿Qué significa todo esto? Significa que tanto el Presidente como los prefectos se sienten ganadores de la confianza de la ciudadanía, aunque esta confianza está básica y fundamentalmente limitada a factores geográficos, regionales y sociales, que no reflejan el consenso nacional. Por lo tanto, al momento en que estos actores intenten tomar determinaciones sobre los grandes intereses del país, dejarán al resto de los bolivianos en una gran confrontación, de la que, indefectiblemente, todo lo demás puede terminar terriblemente mal.

Y ¿cómo puede ser esto? Lamentablemente aquí hay sólo tres opciones: la primera, en la que gana el Presidente de la República, imponiendo su proyecto de Constitución Política del Estado, cosa que veo muy difícil pues ésta no es aceptada por la mitad del país; la segunda, donde ganan los prefectos, cosa que también veo muy difícil pues, en este caso, estaríamos hablando de un país con preceptos y normas diferentes; y, por último, la opción donde tanto el Presidente de la República como los prefectos se ponen a trabajar para construir un diálogo sincero y generoso, destinado a lograr consensos sobre todos los temas sociales, políticos y económicos que le interesan al país.

Si se diera el caso de producirse nuevamente este diálogo —que es el que desesperadamente requiere el país y lo que quisiéramos todos los bolivianos—, creo que la responsabilidad más grande recae fundamentalmente en la investidura del Presidente de la República quien, por sobre todas las cosas, tiene la obligación de preservar la unidad del país y la paz entre todos los bolivianos.

Señor Presidente, sinceramente creo que no son conducentes a este diálogo y concertación las medidas recientemente dictadas, destinadas a convocar al referéndum dirimitorio y al referéndum ratificatorio del proyecto de Constitución Política del Estado mediante un simple decreto supremo, que pasa por encima de la Constitución Política del Estado en actual vigencia.