31 ago 2008

Oposición “entierrada”

Por: Róger Cortés Hurtado *

Parte del envejecido liderazgo ideológico de los señores de la tierra radica en trastocar las cuestiones centrales.

Ni la fatalidad, ni siquiera la custodia de sus propios intereses explica por qué la oposición empresarial-cívica y sus prefectos se hallan remolcados por una adhesión cada vez más intensa a las posiciones de los señores de la tierra. Lo ha vuelto a poner de manifiesto con claridad y precisión Miguel Urioste en un artículo de Pulso y lo machacan incansablemente los hechos: en el centro de casi todas las disputas está presente, muchas veces escondida, pero siempre con fuerza arrasadora, la disputa por la tierra. Lo que hoy se ve refrescado por las denuncias sobre las gigantescas trampas —de 187.000 hectáreas— ocurridas en el Beni era patente hace dos años, al aprobarse la Ley de Reconducción de la Reforma Agraria, o hace un trimestre con la aprobación de estatutos autonómicos y desde el mismo inicio del ciclo constitutivo por el que atravesamos. En sus casi tres décadas de avance, desde el primer bloqueo nacional campesino en 1979 y hasta que termine de constituirse un nuevo bloque en el poder, con su propio proyecto estatal realizado, el sujeto social que lo motoriza cohesiona sus demandas y teje su identidad en torno a la tierra, confrontándose con su enemigo central que son los grandes latifundistas, nacidos al amparo del arbitrio, la corrupción y las dictaduras.

Se puede entender que, hasta cierto punto, en Santa Cruz y Beni, o en Pando, los amos de la tierra tengan un cierto predicamento, a pesar de que están lejos de ocupar una posición dominante en la producción regional, copada por agentes capitalistas provenientes de otros países y departamentos. Su reaparición política se debe, en buena medida, a la torpeza de actuaciones y generalizantes discursos oficiales. Pero que el autonomismo tarijeño o el reivindicacionismo sucrense sumen filas y se jueguen detrás del latifundio no obedece a determinantes económicos. Predomina más bien una dinámica política, por la que múltiples actores, en principio ajenos a los terratenientes, se nuclean en torno a ellos porque son los más duros y radicales. Sirve como anécdota de ejemplo la decisión del Delegado Prefectural tarijeño, quien encarga el prólogo de su libro sobre autonomía al representante mayor del latifundio cruceño, en una actitud que proclama sin reserva una orgullosa militancia conjunta con ese sector, reivindicando y premiando su agresividad y constancia, ya que no su brillo intelectual.

Posiblemente el escollo mayor en cualquier negociación para romper el estancamiento político se encuentra en el hecho de que los estatutos autonómicos, especialmente de Santa Cruz, pretenden excluir radicalmente a cualquier instancia nacional en materia de administración y jurisdicción de la tierra. Pero, por ahora, es muy poco probable que las conversaciones se aproximen a este punto, porque antes de que ocurra seguirán apareciendo “cuestiones previas”, llámense IDH, Seduca, sede de los poderes o cualquier otro, porque parte del envejecido, pero igualmente experimentado y hábil, liderazgo ideológico de los señores de la tierra radica en trastocar, nublar y disimular las cuestiones centrales.

Las demandas autonómicas, los desacuerdos sobre apropiación y uso de la renta de recursos naturales, las discrepancias sobre diseño estatal son reales, no son maquillaje ni impostura, pero se han ensamblado de tal forma y están amarradas tan sólidamente al carro de los latifundistas que resultan esencialmente instrumentales a sus fines y mientras esto siga pasando, las negociaciones serán ilusorias y las salidas inaccesibles.

* Analista político y catedrático

hebdicom@yahoo.com