19 sept 2008

Con la esperanza puesta en el diálogo

Los triunfalismos y radicalismos no aportarán absolutamente nada bueno a este loable intento de solucionar los problemas por el camino de la paz.

El país observa esperanzado el diálogo iniciado entre el Gobierno y los prefectos de la denominada “media luna”, que es visto como una luz al final de un casi interminable túnel de terror, lleno de transgresiones a la ley, enfrentamientos entre sectores antagonistas, ocupaciones violentas de entidades del Estado y, finalmente, muerte, dolor y luto.

Literalmente, la sangre llegó al río y la comunidad internacional tuvo que reaccionar a través de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) para que ambos sectores se comprometan a sentarse a una mesa de diálogo para buscar ahí la solución a los agudos problemas nacionales.

En medio del inicio y al final de las conversaciones se registraron graves acontecimientos que estuvieron a punto de pulverizar toda intención de acuerdo, pero primaron la sensatez y la cordura. El primero fue la decisión del Gobierno de implantar el estado de sitio en Pando cuando el prefecto de Tarija, Mario Cossío, empezaba a reunirse en La Paz con el vicepresidente Álvaro García. El segundo, cuando el preacuerdo ya estaba listo, se apresó en Cobija al prefecto Leopoldo Fernández, acusado de haber violado el estado de sitio.

Con esos sobresaltos de última hora, al que se sumó la convocatoria del Presidente para iniciar el diálogo 24 horas antes de lo acordado, los prefectos y Gobierno, finalmente, acordaron ir adelante y sentarse a negociar, incluso con sectores sociales pretendiendo avanzar sobre Santa Cruz, en una actitud que parece más bien una provocación que conciliadora, sin que el Gobierno haga nada por frenarlos.

Una exhortación del Presidente sería suficiente para desmovilizar ese avance, pero parece no haber intención de hacerlo, aduciendo que los movimientos sociales tienen su propia dinámica. La Prensa insiste en que el Primer Mandatario debería mandar un mensaje o instrucción pública para que ese intento pare y se elimine así un elemento que puede convertirse en un obstáculo insalvable.

El diálogo ha centrado la atención de todo el país, atribulado por la violencia desatada. Lo que quedó en claro, en medio de todo este caos, es que las partes deben hacer concesiones, perder ambas para que gane el país. Lo que no pueden hacer es cerrarse en posiciones intransigentes que conduzcan al fracaso de las negociaciones. Los triunfalismos y radicalismos no aportarán absolutamente nada bueno a este loable intento de solucionar los problemas por el camino de la paz.

Los negociadores deberán entender que los acuerdos a que lleguen deben ser sólidos, consistentes, de manera que duren y no permitan el retorno de los conflictos en corto tiempo. Para ello se requerirá que el Gobierno frene los intentos de sectores sociales de llegar a Santa Cruz y de la voluntad, traducida en decisión de las partes, de poner ante todo el interés de la patria.

El pueblo confía en que los mediadores de la comunidad internacional serán una sólida garantía para que la paz se haga realidad. Son personas de reconocido prestigio y capacidad negociadora.