Manfredo Kempff Suárez*
S.E. ha perdido una excelente oportunidad para que Bolivia recomponga sus relaciones con EEUU en la Cumbre de Trinidad y Tobago, porque en vez de portarse vivaracho como Chávez, se mantuvo en una actitud lejana, melodramática, queriendo contar a quien quisiera escucharle, cómo intentaron asesinarlo en Bolivia. Era todo lo que llevaba en su carpeta. Lo contó, como una hazaña, en la cita del ALBA, en Venezuela. Y por supuesto que aprovechó la Cumbre para aparecer como el indiecito amenazado por siniestros racistas. Recibió los aplausos que deseaba y se calló. Lo malo es que no puede con su carácter y acusó a EEUU de planificar su muerte, como lo habría hecho en una decena de oportunidades desde el 2002. Más o menos tanto como con Fidel.
Pidió que el presidente Obama censurara el intento de “magnicidio” que se habría frustrado en Santa Cruz. Además, replicó que los bolivianos no olvidarían el pasado, interpretando mal al Mandatario norteamericano, que no se refería a olvidar los años de la Conquista, sino a los últimos lustros de relaciones inestables entre Latinoamérica y la Unión. En cuanto a lo primero, Obama sólo expresó, sin nombrar a S.E. ni a Bolivia, que los atentados no eran “política de su administración” y que respetaba a los gobiernos democráticos.
Y en cuanto al “magnicidio” alguien debería decirle a S.E. que ya está de buen tamaño, que no sea él quien hable de magnicidio, porque queda poco elegante o, mejor dicho, muy pretencioso. Magnicidio significa matar a alguien que es magno; y magno es una persona ilustre, grande, como Alejandro, Federico, Napoleón. Entonces es mejor que hablen sobre magnicidio, sus leales, el Vicepresidente o los ministros, pero resulta muy cursilón que lo repita el propio Presidente. Ni siquiera me imagino a Kennedy o a Indira Gandhi anunciando que iban a cometer magnicidio contra sus personas, por humildad y sensatez.
Así que S.E. sólo fue a quejarse y perdió una excelente oportunidad para haber dicho algo sobre la situación económica nacional, sobre su comercio y sus exportaciones. Pudo pedir a Obama, en vez de que se abstenga del magnicidio, que restituya el ATPDEA, que EEUU considere a Bolivia, nuevamente, en la Cuenta del Milenio. Porque no se sabe qué habló el canciller Choquehuanca con la señora Clinton, en vista que no declaró nada, salvo el “embajador” Solón, presente en la entrevista, manifestando que la misma fue un “éxito”. Éxito para el “embajador”, seguramente, que es enemigo a muerte de los tratados de libre comercio, del ATPDEA, de EEUU, y que ama la misérrima ALBA.
En busca de conmiseración internacional, S.E. ha pasado, de los indiecitos mutilados y enceguecidos por sus crueles patrones, al tema del magnicidio. Estamos lucidos con esta diplomacia llorona, que no nos conduce a nada y que napa bueno produce para el país.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
21 abr 2009
La diplomacia del llanto
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Diplomacia Boliviana,
Influencia Externa