2 ene 2010

Cuestión de caudillismo

Cuando se inicia el nuevo año ya nos hemos abrazado cuanto hemos podido, con extraños incluidos. Algunos hasta nos han babeado felices. Pasaron los pavos rellenos, los chanchitos, el panetón, la picana, y vuelve a nuestras mesas la marraqueta, el “horneao”, el ají de panza y fideos, y el majadito.

Es necesario, también, hacer algún ejercicio de autocrítica, ya no solamente sobre los kilos que hemos aumentado, ni el colesterol, ni los triglicéridos, que a algunos los tienen arrepentidos de tanta gula, sino, nuevamente, sobre el destino que nos espera en este 2010 que se vislumbra con más laberintos que una oreja.

En Bolivia existe un partido fuerte que es el MAS. El resto son agrupaciones ciudadanas o partiditos que no cuentan en una elección. El MAS se ha hecho a machete, en los caminos y los campos, pegando y recibiendo. Es, entonces, un movimiento fogueado en la pelea, sin miedo, menos ahora que ostenta el poder. Y, sobre todas las cosas, tiene un líder que es Evo Morales. Más que líder, Evo Morales es un caudillo: “hombre que, como cabeza, guía y manda a la gente a la guerra”, dice la RAE.

Al “caudillo” se lo quiere apartar de la figura del político porque al generalísimo Franco se lo llamó Caudillo. Pero caudillos fueron, también Hitler, Stalin y Mussolini. Y, además, caudillo fue Churchill. ¿O no fue un caudillo ese león inglés conservador que aguantó solo durante meses a la maquinaria de guerra nazi? ¿Y De Gaulle?

Bueno, la cuestión es que en Bolivia hay algunos líderes, muchos jefes de agrupaciones ciudadanas, pero un solo caudillo: Evo Morales. Entonces estamos jodidos todos. Aunque se critique el caudillismo de Paz, Barrientos, o Banzer, no cabe la menor duda de que les sirvió de mucho esa condición de “cabeza y guía”. La demagogia y el cinismo hacen que hoy todos quieran negar su calidad de caudillos o por semántica no quieren que se los llame así, no obstante, que, hasta en la Europa democrática de la posguerra, jamás faltaron los caudillos.

La oposición boliviana no tiene un caudillo, no tiene al hombre que aglutine masas, que dé motivos para que la gente se entregue vibrante. Tiene líderes regionales y hasta jefecitos. ¿Y por qué esa situación tan penosa? ¿Hemos optado algunos bolivianos por renunciar al caudillismo? ¡Ni hablar! ¡Todos los opositores quisieran ser caudillos como Evo Morales! Lo que sucede es que los partidos han quedado acobardados con lo del neoliberalismo y a los pocos valientes que todavía quedan en el país, el MAS no los deja ni respirar.

La oposición necesita un caudillo a gritos. ¡No jefecitos! ¡No políticos de plazuela! Un caudillo que guíe y mande a la gente a la guerra, como hace SE con sus “movimientos sociales”. La política masista, indecente hasta el colmo, no hace otra cosa que encarcelar, encausar, o emitir órdenes de apremio y arraigo a cuanto político opositor quiere surgir con posibilidades ciertas. No existe un líder con aspiraciones en la oposición que no esté perseguido o por la justicia masista o por el perraje de su control político. Entonces, claro, el único que tiene las manos libres en este pobre país para hacer lo que quiera es SE.

Un solo ejemplo de la democracia que ejerce el MAS y que le da tan buenos resultados: mientras en Santa Cruz ya existen ocho candidatos para la gobernación y no sabemos cuántos para el municipio, SE llega al hotel Casablanca y, como todo caudillo, define quién será el candidato a gobernador y quién a alcalde. Y chitón. Él dice que responde al pedido de los “movimientos sociales” pero sabemos que es mentira: los candidatos los elige el caudillo, haciendo una radiografía de cada uno ellos, y tomando en cuenta, más que nada, la lealtad a su persona. ¿No es la única forma de conservar el poder?

En Santa Cruz, como en el resto del país, con liderazgos efímeros, y caudillitos, vamos a ir dispersos, cada uno buscando su ubicación, metiendo la cabeza, de manera idiota, en las fauces del lobo.

*Manfredo Kempff Suárez
es escritor y diplomático.