22 ago 2008

La oposición al gobierno del MAS

Las equivocaciones de Podemos derivaron en una crisis interna que ha provocado un desbande de parlamentarios y constituyentes, además del distanciamiento de sus aliados circunstanciales en el Senado, el MNR y UN.

Un sistema de derecho funciona bien si es que existe una oposición seria y creativa. No hay nada que discutir sobre lo que es el juego de mayorías y minorías en democracia, pero, respetando absolutamente aquello, la minoría debe hacerse sentir. En todo país, es necesario que la oposición tenga ideas y posiciones claras, bajo el supuesto de que toda contra aspira a constituirse en futuro gobierno. Esto, ciertamente, no se ha visto en la Bolivia de los últimos años, sobre todo en este período que ha sido crítico.

La agrupación ciudadana Podemos se conformó a la cabeza del ex presidente y hombre fuerte del general Banzer, Jorge Quiroga, justamente, para disputarle el poder al MAS de Evo Morales. El año 2005 sólo había dos candidatos con posibilidades reales de disputarse el grueso del voto ciudadano: Morales y Quiroga. Ya durante la campaña electoral de ese año, se evidenció que Evo Morales, sin debatir, rehuyendo las confrontaciones públicas, poseía una estrategia —o una táctica— que le estaba dando resultados favorables. Y ese sentimiento se transfería a las encuestas, que lo ubicaban en primer lugar.

Lo que jamás se pudo imaginar nadie, ni los partidarios de Morales, es que su triunfo fuera tan contundente, al extremo de que le permitió superar el 50% de los sufragios y ocupar la Presidencia sin necesidad de negociar alianzas, si así lo quería, con otro partido político. Fue el primer golpe certero que recibió Podemos.

En realidad, esta agrupación nunca fue una oposición de peso para el MAS. Sus errores empezaron desde los primeros días del gobierno de Morales y, aun cuando se debe reconocer que la mayoría oficialista era superior, Podemos aparecía vacío, desorientado, sin liderazgo.

El ex presidente estuvo ausente —o no se hizo notar— en momentos tales como las nacionalizaciones, la Asamblea Constituyente y los referendos autonómicos, entre otras medidas conflictivas. Hubo, en consecuencia, desencanto y frustración de la ciudadanía que lo había apoyado en el 2005.

Esta sucesión de circunstancias desafortunadas tuvo su colofón en extrañas coincidencias políticas con el MAS, sobre todo cuando la agrupación ciudadana de Quiroga aprobó el proyecto oficialista del referéndum revocatorio en el Senado.

Aquello provocó estupor e incredulidad. Significaba, a todas luces, un indirecto respaldo a las medidas del gobierno de Morales. Someter al país a una consulta popular de esa naturaleza, cuando el MAS había sufrido cinco derrotas consecutivas —cuatro inconstitucionales, sin duda, las de los departamentos de la denominada Media Luna— y darle todo el triunfo en una sola carta, colmó la medida de la paradoja.

Nunca hubo una explicación convincente de Podemos sobre el particular. Su jefe, repentinamente, desapareció del mapa político nacional. A todo esto, la Corte Electoral prácticamente tiene por inexistente a esa sigla, porque no cumplió con determinados requisitos para seguir con vida.

Las equivocaciones de Podemos derivaron en una crisis interna que provocó un desbande de parlamentarios y constituyentes, además del distanciamiento de sus aliados circunstanciales en el Senado, el MNR y UN. La oposición, ahora sí, ha pasado totalmente a los movimientos cívicos regionales.