18 feb 2009

Fracaso de la diplomacia ante la CAN y la UE

La semana pasada, el gobierno del presidente Rafael Correa envió un mensaje muy cortés a Bolivia a propósito de las negociaciones con la Unión Europea (UE). En él, aclaraba que Ecuador comprendía los argumentos bolivianos, pero que, de todos modos, iría adelante con su intención de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los europeos.

De esa manera, el Gobierno boliviano quedó totalmente solitario en su posición ante la UE y perdió la última pieza de su estrategia para conseguir que la Comunidad Andina de Naciones (CAN) insista en una negociación bloque a bloque y rechace la negociación bilateral.

La administración de Evo Morales no acepta esta rotunda derrota en el ámbito internacional y, con obstinación, anunció que aunque ya los otros tres miembros de la CAN están avanzando en la negociación con la UE, seguirá en contra de la fórmula bilateral para tal propósito.

La circunstancia significa un fracaso de la diplomacia boliviana —uno más en la pésima gestión que encabeza el canciller David Choquehuanca— que no tiene parangón en la historia.

Aunque parezca increíble, el país ha quedado aislado ante los socios de la CAN y también mal parado en su posición ante la UE.

El reto era muy difícil desde el principio. Consistía en imponer una posición boliviana a todo el bloque andino, que debería condicionar su relación con la UE.

Quizá alguien haya cometido algún error en la estrategia, pero la tarea era ciertamente complicada, o directamente imposible.

Lo que resta ahora es hacer algún esfuerzo por recomponer la cohesión dentro de la CAN, que, al fin y al cabo, es el bloque en el que participa Bolivia. Para el efecto, es importante no perder de vista que se trata del último mercado seguro que existe para los productos nacionales.

A propósito de Ecuador, ése fue, casualmente, el último país de la región que decidió elevar los aranceles para las compras de productos bolivianos. Queda, ahora, para la anécdota...

Toda esta experiencia, para Bolivia, ha sido frustrante. Eso tendría que enseñar a los responsables del gobierno de Evo Morales que las posiciones de política exterior tienen que ser meditadas y sopesadas con realismo en cada momento.