14 Abril 2009 de La Calle
¿Alguien puede entender que en la madrugada de este martes el Vicepresidente haya felicitado a los congresistas (incluyendo a la oposición) por la aprobación de la Ley Electoral y horas después haya sentenciado en plena Plaza Murillo prácticamente la muerte del “viejo Parlamento”? Sí se lo entiende. Los discursos contradictorios han sido una constante en esta gestión que acaba de cerrar otro penoso capítulo de un conflictivo ciclo político.
Estas contradicciones discursivas forman parte del juego político de tácticas y estrategias a las que no sólo recurre con frecuencia el oficialismo, sino también la oposición. Ambos actores se ubican con facilidad en dos extremos, que parecen irreconciliables, pero que terminan casi siempre obligados a sellar “matrimonios por conveniencia”. No sorprende por lo tanto estas conductas confusas que terminan desorientando al ciudadano. El boliviano vive en medio de una confrontación cuasi artificial y creada intencionalmente sólo para reforzar el posicionamiento político de dos polos que disputan el poder y que al final terminan pactando para garantizarse la sobrevivencia. En realidad, el oficialismo es funcional a la oposición y, viceversa.
Se lo ha demostrado en el acuerdo que parió a la nueva Constitución Política del Estado, cuando las fuerzas masistas y las opositoras coronaron un proceso traumático de cambios casi con una celebración compartida. No ha sido distinta la reciente aprobación de la Ley Electoral transitoria. Le pese a quien le pese, se lo quiera disimular o no, por ahora sigue vigente en el país la democracia pactada.
Con el flamante código se levanta oficialmente la bandera a cuadros para la contienda electoral de diciembre. No debe extrañar, por tanto, la nítida intención del oficialismo de remarcar sus diferencias con la oposición, pese al nuevo pacto de abril. Como los dos bandos ya casi no se necesitan, asistiremos en los próximos días y meses a un recrudecimiento de la confrontación política, ya que buscarán ganar votos con la reafirmación de sus diferencias.
En ese virtual inicio de la campaña, Evo Morales ha endurecido su discurso contra la oposición en el festivo acto de promulgación de la nueva ley, intentando disimular tal vez los costos políticos del acuerdo con sus adversarios. El Presidente llama “chantaje” a lo que ha sido una evidente negociación, en la que el oficialismo tuvo que ceder ahora más que otras veces, sólo para viabilizar las elecciones. Y esas concesiones tienen un impacto inevitable en las demandas de su principal base social, el sector indígena, que resignó siete escaños de los 14 que le habían reconocido en la futura Asamblea Plurinacional. Es el mayor costo de este pacto, con el que Morales no está de acuerdo, pero que tuvo que aceptar para avanzar.
Otras conquistas de la oposición son el reempadronamiento de los electores y la restricción del voto de los bolivianos que radican en el extranjero. Derrotas del oficialismo: sí. La diferencia es que Morales sabe convertir sus caídas en triunfos, triunfalismo que se ha sentido durante la celebración en la Plaza Murillo. En cambio, a la oposición le cuesta muchísimo capitalizar sus esporádicas victorias políticas.
Pese al traspié oficialista de la última semana, el mandatario ha marcado en las últimas horas la línea de su futura conducta preelectoral: la prioridad es aplacar de inmediato el descontento de sus sectores amigos por la nueva ley (indígenas, sobre todo) y mantener la adhesión de ellos para ganar los comicios de diciembre con un 70% de la votación.
Por lo que se ve, el oficialismo sufre contratiempos, pero mantiene clara la idea de lo que busca. Y lo que pretende alcanzar ya fue decidido: el poder total. No parece suceder lo mismo en la oposición, que, pese a la victoria de las últimas horas, no tiene la habilidad de capitalizarla electoralmente, tampoco avanza con la rapidez que requiere la definición de su oferta electoral y se extravía al elegir ahora como su nuevo adversario político al presidente de la Corte Nacional Electoral.
Se ha cerrado un ciclo político y se abre otro en el que Evo buscará borrar a sus adversarios y en el que éstos tendrán que construir alternativas electorales que apunten a, por lo menos, mantener el contrapeso del poder. Otra meta es ganarle al MAS, aunque para eso se necesita que los primeros convencidos de que pueden lograrlo sean ellos mismos.
14 abr 2009
Dos polos que se juntan y que se distancian
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Elección Post-CPE